INCI: Guía completa para leerlo y entender los ingredientes
INCI: Guía completa para leerlo y entender los ingredientes
INCI: Guía completa para leerlo y entender los ingredientes
Hay una lista en cada cosmético que la mayoría ignora. Está en letra pequeña, en latín o en inglés técnico, y suele quedar aplastada entre el código de barras y el sello de reciclaje. Se llama INCI: International Nomenclature of Cosmetic Ingredients, y es la única parte del envase que no puede mentirte.
Todo lo demás es marketing. El INCI, no.
El INCI es la lista oficial y estandarizada de ingredientes de cualquier cosmético vendido en Europa. Está regulada por la Unión Europea y es obligatoria en todos los productos. Los nombres siguen una nomenclatura internacional, mayoritariamente en latín para ingredientes botánicos, en inglés para los químicos, para que sean reconocibles en cualquier país, independientemente del idioma de la etiqueta.
Dicho de otro modo: el INCI de un producto comprado en España, Francia o Alemania usa exactamente los mismos nombres. Es el idioma universal de la cosmética.
Los ingredientes aparecen de mayor a menor concentración. El primero de la lista es el que más abunda en la fórmula; el último, el que menos.
Hay un matiz: a partir de aproximadamente el 1% de concentración, el orden puede dejar de ser estricto. Los ingredientes en cantidades muy pequeñas, conservantes, fragancias, activos en dosis bajas, pueden aparecer en cualquier orden a partir de ese umbral.
En la práctica esto significa dos cosas:
Lo que aparece al principio importa. Si el segundo ingrediente es agua y el tercero es alcohol, eso te dice algo. Si el segundo es aceite de argán, también.
Los activos al final de la lista no son necesariamente inútiles. Algunos ingredientes son muy eficaces a concentraciones bajas, la niacinamida, el retinol, el bakuchiol. Que estén al final no significa que no hagan nada; significa que van en poca cantidad, que puede ser exactamente lo necesario.

El mismo ingrediente puede tener un nombre INCI que no se parece en nada a como lo conoces. Algunos ejemplos de nuestro catálogo:
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Nombre INCI |
Lo que es |
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Argania Spinosa Kernel Oil |
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Persea Gratissima Oil |
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Butyrospermum Parkii Butter |
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Simmondsia Chinensis Seed Oil |
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Sodium Hyaluronate |
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Aloe Barbadensis Leaf Juice |
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Niacinamide |
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Ascorbic Acid |
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Sodium Cocoyl Isethionate |
Con un poco de práctica, reconoces los habituales sin pensar. Y cuando aparece uno que no conoces, ya sabes dónde buscar: en nuestra sección Saber más o en el glosario general, donde los vamos desgranando uno por uno. También existen apps como INCI beauty, o Yuka que está incorporando los cosméticos a su base de datos.
En muchos INCI's verás ingredientes con uno o varios asteriscos. No hay un estándar único, cada marca los usa a su manera, pero los más habituales son:
Asterisco de agricultura ecológica. Indica que ese ingrediente procede de cultivo ecológico certificado. Algunos fabricantes indican el porcentaje total de ingredientes de origen ecológico al pie del INCI.
Asterisco de origen natural. Similar al anterior pero más amplio, indica origen natural sin implicar necesariamente certificación ecológica.
Alérgenos de fragancia. Ciertos componentes de fragancias y aceites esenciales: limoneno, linalool, citral, geraniol, entre otros. Deben declararse obligatoriamente en el INCI cuando superan ciertos límites de concentración. No significa que el producto sea malo ni que vaya a irritarte: significa que contiene componentes de fragancia que en algunas pieles muy reactivas pueden sensibilizar. Si tu piel es muy sensible, es un dato que vale la pena conocer.
El INCI es una herramienta poderosa pero tiene límites. No indica:
Las concentraciones exactas. Salvo excepciones reguladas, los fabricantes no están obligados a declarar el porcentaje de cada ingrediente. Sabes el orden, no la cantidad.
La calidad de los ingredientes. Un aceite de argán virgen prensado en frío y un aceite de argán refinado aparecen igual en el INCI. La diferencia está en el proceso, no en el nombre.
La eficacia real del producto. Un INCI lleno de activos interesantes no garantiza que funcionen si están en concentraciones insignificantes o si la fórmula no está bien construida.
Por eso leer el INCI es el punto de partida, no el veredicto final. Ayuda a eliminar lo que claramente no te interesa y a entender mejor lo que hay dentro, pero no sustituye al criterio ni a la experiencia de usar el producto.
Si nunca has leído un INCI, un buen ejercicio es coger cualquier producto que tengas en casa y hacerte tres preguntas:
¿Qué es el primer ingrediente? En la mayoría de cremas e hidratantes será Aqua, agua. Normal, es la base. En un aceite, será el aceite principal.
¿Reconozco algún activo en los primeros cinco ingredientes? Si aparece ácido hialurónico, niacinamida o vitamina C entre los primeros, van en cantidad relevante. Si aparecen al final, van en traza.
¿Hay algo que no reconozco y me genera duda? Apúntalo y búscalo. La mayoría de ingredientes de aspecto intimidante son completamente inocuos. Un nombre largo en latín no es sinónimo de química agresiva.

Vamos a ir un paso más allá: entender qué función cumple cada ingrediente según su categoría. Porque saber leer una lista es útil, pero saber qué hace cada cosa es lo que permite elegir con criterio real.
Los ingredientes cosméticos se agrupan por función. No son categorías rígidas, un mismo ingrediente puede cumplir varias a la vez, pero conocerlas permite orientarse rápidamente ante cualquier INCI.
A continuación repasamos los principales grupos con algunos ejemplos representativos de cada uno. Una guía práctica para identificarlos, saber qué buscar y qué encontrarás habitualmente en la etiqueta.
Los humectantes son ingredientes que captan agua del entorno o de las capas más profundas de la piel y la retienen en las capas superficiales. Su efecto es inmediato y visible: la piel se hidrata, se ve más tersa y rellena.
El más conocido es el ácido hialurónico, capaz de retener hasta mil veces su peso en agua. La glicerina, presente en casi cualquier crema o sérum, es el humectante más usado en cosmética por su eficacia y bajo coste. La betaína, obtenida de la remolacha o el coco, hidrata con un perfil muy suave y bien tolerado. El beta-glucano actúa de forma similar pero con un plus calmante relevante en pieles reactivas.
En el INCI los reconocerás como: Sodium Hyaluronate, Glycerin, Betaine, Beta-Glucan.
Los emolientes llenan los espacios entre las células de la piel, suavizando la superficie y mejorando la flexibilidad y el tacto. Son los responsables de esa sensación de piel sedosa después de aplicar un producto.
Los aceites vegetales son emolientes por excelencia: argán, jojoba, aguacate, baobab, coco. Cada uno con un perfil de ácidos grasos distinto y una afinidad diferente según el tipo de piel. El escualano es otro emoliente muy valorado por su textura ultraligera y su compatibilidad con todo tipo de piel, incluidas las grasas.
En cosmética convencional este papel lo cumplen a menudo las siliconas: Dimethicone, Cyclopentasiloxane, Cyclohexasiloxane. Dan una sensación inmediata muy agradable pero forman una capa impermeable sobre la piel sin aportar nutrición real.
En el INCI los aceites vegetales aparecen con su nombre botánico en latín: Argania Spinosa Kernel Oil, Simmondsia Chinensis Seed Oil, Persea Gratissima Oil.
Los oclusivos forman una película protectora sobre la piel que ralentiza la pérdida de agua por evaporación. Van siempre por encima de humectantes y emolientes, sellando todo lo aplicado debajo. Son especialmente útiles en pieles muy secas, en climas fríos o en el paso nocturno de la rutina.
La manteca de karité es el oclusivo natural más versátil: nutre, protege y calma al mismo tiempo. Las ceras vegetales como la cera de candelilla o la de carnauba cumplen una función similar, y aparecen frecuentemente en bálsamos labiales y productos sólidos.
En cosmética convencional el oclusivo por excelencia es la vaselina (Petrolatum), derivada del petróleo: muy eficaz sellando pero sin ningún aporte nutritivo. También la lanolina (Lanolin), de origen animal, muy usada antes de la expansión de las alternativas vegetales.
Los tensioactivos son ingredientes con una estructura molecular que les permite actuar entre el agua y la grasa, capturando la suciedad y el sebo para que el agua los arrastre al enjuagar. Son la base de cualquier producto de limpieza.
Pero no todos los tensioactivos son iguales. Los sulfatos, como el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) o el Sodium Laureth Sulfate (SLES), limpian con eficacia pero son agresivos: eliminan en exceso los lípidos naturales de la piel y el cuero cabelludo, alteran el pH y pueden irritar. Son los responsables de la sensación de tirantez después de lavar.
Los tensioactivos derivados del coco son la alternativa más habitual en cosmética natural: Sodium Cocoyl Isethionate (SCI), Coco-Glucoside, Sodium Cocoamphoacetate. Limpian respetando la barrera cutánea, con pH ajustado y sin resecar. Son la base de los syndets y de los champús sin sulfatos.
Los tensioactivos también actúan como emulsionantes: permiten que el agua y los aceites convivan en una crema sin separarse. Sin ellos, no existirían las lociones ni las cremas tal como las conocemos.
Los activos son ingredientes con una acción biológica concreta sobre la piel: estimulan, renuevan, iluminan, refuerzan. Son los que justifican la mayor parte del discurso de marketing de un producto, y también los que más varían en eficacia según su concentración y la calidad de la fórmula.
Algunos de los más relevantes y bien documentados:
Protegen la piel del daño oxidativo causado por la contaminación, el sol y el estrés. La vitamina C, la astaxantina, el té verde y la granada son ejemplos con base científica sólida.
Estimulan la renovación de la piel, mejoran la textura y reducen arrugas. El bakuchiol y el fitoretinol son las alternativas vegetales al retinol, con perfiles de tolerancia mucho mejores. Los PHA y el ácido succínico renuevan la superficie de forma suave y controlada.
Actúan sobre el sebo, el tono y la barrera cutánea. La niacinamida es el más versátil de todos: regula, unifica, refuerza y calma. Combinada con N-Acetil Glucosamina complementan su acción sobre manchas y tono desigual. Nuestro sérum de niacinamida es una muestra de esta sinergia entre activos eficaces que potencian sus efectos en una fórmula minimalista y hecha con criterio.
Mejoran la firmeza y densidad. La kigelia africana tiene propiedades tensoras reconocidas. El aloe vera calma, hidrata y ayuda a mantener la elasticidad.
Todo producto cosmético que contenga agua necesita conservantes. Sin ellos, el producto se contaminaría con bacterias y hongos en días. Los conservantes no son el enemigo, son una necesidad técnica.
El problema no es su presencia, sino cuáles se usan. Los parabenos (Methylparaben, Propylparaben, Butylparaben) fueron durante décadas el estándar de la industria. Son eficaces y estables, pero su relación con la disrupción hormonal los ha puesto en el punto de mira, especialmente en concentraciones altas o en uso continuado. Muchas marcas los han retirado, aunque el debate científico sigue abierto.
El fenoxietanol (Phenoxyethanol) es el sustituto más habitual en cosmética convencional y también en muchos productos naturales. En concentraciones correctas es seguro, pero en exceso puede irritar pieles muy sensibles.
En cosmética natural bien formulada se usan conservantes como el ácido benzoico (Benzoic Acid), el sorbato de potasio (Potassium Sorbate) o el alcohol (Alcohol Denat.) en concentraciones funcionales. Los productos sólidos, al no contener agua libre, necesitan mucho menos o ninguno, lo que es otra ventaja real de los formatos sólidos más allá del envase.
La palabra Parfum o Fragrance en un INCI es uno de los términos más opacos de toda la lista. Puede esconder decenas de ingredientes distintos bajo un único nombre, porque las fórmulas de fragancia están protegidas como secreto industrial.
Dentro de esa fragancia pueden estar componentes que en algunas pieles generan reacciones: los alérgenos de fragancia. La regulación europea obliga a declarar los más habituales cuando superan ciertas concentraciones: Limonene, Linalool, Citral, Geraniol, Eugenol, Cinnamal, entre otros. Algunos proceden de aceites esenciales naturales, otros son sintéticos. Su presencia no significa que el producto sea malo, pero es información relevante para quien tenga piel reactiva o historial de alergias.
En cosmética convencional las fragancias artificiales son especialmente habituales y complejas en composición. En formulaciones más limpias se usan aceites esenciales declarados individualmente, lo que permite al consumidor saber exactamente a qué está expuesto.
Un producto sin fragancia de ningún tipo aparecerá en el INCI sin ninguna mención a Parfum, Fragrance ni aceites esenciales. Es la opción más segura para pieles muy sensibles o reactivas.
Los colorantes cosméticos no tienen función sobre la piel. Están ahí para hacer el producto visualmente atractivo, nada más. En el INCI aparecen con códigos CI seguidos de un número: CI 77491 (óxido de hierro rojo), CI 42090 (azul), CI 19140 (amarillo tartracina).
Algunos colorantes sintéticos han generado controversia por su potencial irritante o alergénico. En cosmética natural se usan pigmentos de origen mineral o vegetal, pero en cualquier caso son ingredientes prescindibles desde el punto de vista funcional. Su presencia en un INCI no es señal de alarma, pero su ausencia tampoco es una pérdida.
Vale la pena recordar, como ya señalamos en la parte I, que el INCI tiene límites. No indica concentraciones exactas, no distingue entre un aceite virgen prensado en frío y uno refinado, y no garantiza la eficacia real de un producto. Es una herramienta de transparencia, no un certificado de calidad.
Leer el INCI con criterio, conocer las categorías de ingredientes y tener acceso a información fiable sobre cada uno es lo que convierte la lista de la contraetiqueta en algo útil de verdad. Para eso está también nuestro glosario de ingredientes o el archivo de fichas Saber más.

Esta tercera parte va un paso más allá: reconocer ingredientes por su nombre, sin necesidad de buscarlos uno a uno. Hay patrones en la nomenclatura INCI que, una vez conocidos, permiten identificar de qué tipo es un ingrediente solo con leer cómo se llama.
No es infalible, hay excepciones, pero cubre la gran mayoría de lo que vas a encontrar en una etiqueta.
No abunda en nuestro catálogo, pero sí en la cosmética convencional, sobretodo porque es la base en la de formato liquido. Es el más sencillo de todos. Aqua es agua, y en la mayoría de cremas, sérums acuosos y productos de limpieza suele aparecer como primer ingrediente porque es la base de la fórmula. No hay más que saber sobre esto, salvo que su presencia implica que el producto necesita conservantes para no contaminarse.
Si un producto no tiene Aqua en el INCI, es anhydro (sin agua): aceites, mantecas, barras sólidas, bálsamos. Estos necesitan mucho menos conservante o ninguno.
Cualquier ingrediente que termine en Oil es un aceite. Seed Oil se refiere al aceite extraído de la semilla blanda del fruto. Kernel Oil es aceite de la semilla blanda que está protegida por un hueso o cáscara muy dura:
Si va precedido de un nombre botánico en latín, es un aceite vegetal:
Si el nombre es más genérico o químico, puede ser un aceite mineral o sintético: Mineral Oil (aceite mineral), Paraffinum Liquidum (parafina líquida). Estos no los encontrarás en nuestro catálogo.
Butter indica manteca, y es siempre de origen vegetal en cosmética natural:
Wax o Cera son ceras. Funcionan como oclusivos y agentes de textura en barras y bálsamos. Son todos de origen vegetal, excepto la cera de abeja, que proviene de la apicultura.
El INCI mezcla latín e inglés según la época de registro: los nombres más antiguos quedaron en latín (Cera), los más recientes se escriben en inglés (Wax). Mismo ingrediente, distinta convención.
Algunos nombres botánicos los reconocerás enseguida: Lavandula Angustifolia es lavanda, Rosa Damascena es rosa de Damasco, Olea Europaea es oliva. Otros requieren algo más de práctica, pero la lógica y el patrón son siempre iguales: género + especie + parte de la planta + forma del extracto.
Cuando ves dos palabras en latín seguidas de Extract, Oil, Powder, Juice (extracto, aceite, polvo, jugo) o similar, estás ante un ingrediente de origen vegetal. Es una de las lecturas más fáciles del INCI una vez que conoces el patrón.
El sufijo -ol indica un alcohol, pero aquí hay una distinción importante que vale la pena conocer.
Alcoholes grasos: cadena larga, sólidos a temperatura ambiente, emolientes y estabilizantes. No resecan ni irritan, al contrario, suavizan. Cetyl Alcohol, Cetearyl Alcohol, Behenyl Alcohol, Stearyl Alcohol. Son muy habituales en cremas y acondicionadores para dar textura cremosa. Su nombre puede sonar a "alcohol" y generar alarma, pero su comportamiento es completamente distinto al del alcohol volátil.
Alcohol volátil: Alcohol Denat., Ethanol, Isopropyl Alcohol. Estos sí evaporan rápido, pueden resecar y alterar la barrera cutánea, especialmente en pieles sensibles. En concentraciones bajas y en fórmulas bien construidas no son necesariamente problemáticos, pero conviene tenerlos en cuenta si aparecen entre los primeros ingredientes.
Activos con -ol: algunos activos también terminan en -ol por su estructura química: Retinol (vitamina A), Panthenol (provitamina B5), Tocopherol (vitamina E), Bisabolol (calmante de la manzanilla). No tienen nada que ver con los alcoholes anteriores, aunque compartan la terminación.
El sufijo -ate indica una sal o un éster. Es un grupo muy amplio que incluye ingredientes de funciones muy distintas.
Conservantes: Sodium Benzoate, Potassium Sorbate, Sodium Dehydroacetate. Son de los conservantes más usados en cosmética natural, generalmente bien tolerados.
Emulsionantes y estabilizantes: Glyceryl Stearate, Cetearyl Glucoside (emulsionante derivado del coco), Sorbitan Olivate (emulsionante y surfactante derivado del aceite de oliva y el sorbitol). Los de origen natural como estos, permiten que agua y aceite convivan en una crema sin separarse, son biocompatibles con la piel, retienen la humedad y refuerzan la barrera lipídica natural.
Ésteres de aceites vegetales: los ésteres son compuestos químicos que se forman cuando un ácido se une a un alcohol y pierden una molécula de agua. En el mundo de la cosmética y la naturaleza, son los componentes responsables de dar buen olor, suavidad y textura a una gran variedad de productos. Caprylic/Capric Triglyceride (fracción ligera del aceite de coco, muy emoliente), Isopropyl Myristate (emoliente sintético habitual en cosméticos convencionales).
El sufijo -ite sigue la misma lógica pero deriva de ácidos distintos: donde -ate viene de ácidos terminados en -ic, -ite viene de ácidos terminados en -ous. En la práctica cosmética la distinción no cambia nada funcional: Sodium Sulfite, Magnesium Ascorbyl Phosphite. Mismo criterio de lectura, distinta familia química.
Como vimos en la parte II, los tensioactivos son la base de los productos de limpieza. Los que llevan -sulfate en el nombre son los más conocidos, pero no todos tienen el mismo perfil.
Los agresivos: Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y Sodium Laureth Sulfate (SLES) son los más habituales en productos de gran consumo: champús, geles, dentífricos convencionales. Limpian con eficacia pero eliminan en exceso los lípidos naturales, alteran el pH y pueden irritar con uso continuado. Si aparecen entre los primeros ingredientes de un producto de limpieza, la fórmula es agresiva.
Los suaves: no todos los nombres con sulf- son problemáticos. Sodium Lauryl Sulfoacetate (SLSA) es considerablemente más suave que el SLS a pesar del nombre similar. Disodium Lauryl Sulfosuccinate también tiene un perfil mucho más respetuoso y es habitual en productos para pieles sensibles o niños.
Los derivados del coco: Sodium Cocoyl Isethionate (SCI), base de muchos syndets, técnicamente es un éster sulfónico más que un sulfato, pero se menciona aquí porque su nombre puede generar confusión. Su comportamiento es completamente distinto: suave, con pH ajustado, sin resecar. Los tensioactivos del coco en general, Coco-Glucoside, Sodium Cocoamphoacetate, son la alternativa natural y respetuosa a los sulfatos convencionales.
La regla práctica: SLS y SLES son los que vale la pena evitar específicamente. El resto requiere más contexto.
Fáciles de identificar. Cualquier ingrediente que termine en -cone, -conol, -siloxane o -silane es una silicona (Dimethicone, Cyclopentasiloxane, Cyclohexasiloxane, Phenyl Trimethicone).
Las siliconas son emolientes muy eficaces en términos funcionales: dan una textura sedosa inmediata, suavizan y dan brillo. El problema es que forman una película oclusiva impermeable sobre la piel o el cabello sin aportar nutrición real. Crean un "efecto maquillaje" que oculta la deshidratación y, además, las variedades insolubles (como la Dimethicone) requieren limpiadores agresivos para eliminarse. Por su alto impacto ambiental, muchas de ellas (como las cíclicas o volátiles) están bajo prohibiciones estrictas en la Unión Europea al no ser biodegradables.
En cosmética natural están ausentes, sustituidas por aceites vegetales y ceras que aportan un efecto similar con beneficio real para la piel.
El sufijo -paraben los hace inmediatamente reconocibles: Methylparaben, Ethylparaben, Propylparaben, Butylparaben, Isobutylparaben.
Fueron el estándar de conservación en cosmética durante décadas por su eficacia y estabilidad. Su controversia surge por estudios que detectaron parabenos en tejido mamario y por su actividad estrogénica débil, lo que los situó en el debate sobre los disruptores endocrinos.
La evidencia científica sigue siendo debatida. El SCCS (Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Unión Europea) considera seguros a las concentraciones habituales los de cadena corta (Methyl- y Ethyl-). Sin embargo, las autoridades prohibieron por completo variedades como el Isobutylparaben y restringieron de forma estricta el Butylparaben y el Propylparaben.
Muchas marcas los han retirado preventivamente. Su presencia en un INCI no es automáticamente ilegal, pero es información relevante para quien quiera evitarlos.
El prefijo CI (Color Index) seguido de un número de cinco dígitos identifica un colorante aprobado para uso cosmético. El sistema no distingue origen: bajo ese prefijo conviven pigmentos minerales, colorantes de origen natural y sintéticos derivados del petróleo.
Ver las siglas CI en un INCI no implica automáticamente un ingrediente sintético. Para saberlo hay que conocer el número concreto o buscar para saber qué es. En cualquier caso, los colorantes no tienen función sobre la piel: están ahí por razones estéticas del producto, no por beneficio para quien lo usa.
Dentro del término Parfum o Fragrance puede haber decenas de compuestos distintos. La regulación europea obliga a declarar individualmente los alérgenos de fragancia cuando superan ciertas concentraciones: 0,001% en productos sin aclarado y 0,01% en productos con aclarado.
Los más habituales que verás declarados: Limonene (cítricos), Linalool (lavanda, otros florales), Citral (limón, hierba luisa), Geraniol (rosa, geranio), Eugenol (clavo, canela), Cinnamal (canela), Benzyl Alcohol, Coumarin, Citronellol.
Algunos proceden de aceites esenciales naturales, otros son sintéticos. Su presencia no significa que el producto sea malo o esté mal formulado: significa que contiene compuestos de fragancia que en pieles muy reactivas o con historial de alergias pueden sensibilizar. Para quien tenga piel sensible, revisar esta parte del INCI es especialmente útil.
Un producto completamente libre de fragancia no tendrá ninguno de estos términos ni la palabra Parfum. Es la opción más segura para pieles reactivas.
Para la mayoría de personas, sin embargo, la experiencia sensorial tiene cierto peso en sus rutinas de cuidado personal. Si no tienes la piel reactiva ni historial de alergias, no hay razón para evitarlos.
Los activos son el grupo más diverso en nomenclatura porque vienen de orígenes muy distintos y no siguen un patrón único. Sin embargo hay subgrupos reconocibles.
Nombre propio del compuesto en inglés: Se reconocen porque son el nombre directo del compuesto sin sufijos sistemáticos. Con algo de práctica los iremos reconociendo fácil. Algunos ejemplos:
Ácidos: muchos activos exfoliantes, renovadores o humectantes llevan Acid en el nombre. Fáciles de identificar. Ejemplos:
Vitaminas por su nombre químico: no aparecen como "vitamina X" sino por su nombre técnico:
Extractos botánicos activos: siguen el patrón de nombre botánico en latín que vimos antes:
Péptidos: llevan Peptide en el nombre o el prefijo Palmitoyl:
Como dijimos al principio de esta guía, la diferencia entre un activo eficaz y uno decorativo no está en el nombre sino en la concentración. Un extracto botánico al 0,001% en la lista apenas hace nada. El orden en el INCI sigue siendo la clave para evaluar si un activo está en cantidad relevante o simplemente para justificar un claim en el packaging.
Con estas claves puedes leer cualquier INCI con bastante criterio sin necesidad de buscar cada ingrediente:

Leer el INCI y comprender los ingredientes nos va a servir para saber qué nos ponemos en piel, cabello o boca, al margen de lo que pone en la parte de delante del envase. El frontal vende. El INCI informa.
Con las tres partes de esta guía tienes las herramientas para decidir con criterio: entender la lógica del listado, reconocer los grupos de ingredientes por su función e identificarlos por su nombre. Con la práctica, los patrones se vuelven automáticos y la lectura se vuelve rápida.
El objetivo no es generar desconfianza ni convertir cada compra en un examen. Es darte contexto para elegir mejor, para acceder a la información real y no quedarnos en los claims de marketing. Eso es lo que intentamos hacer en CUIDA-T con cada producto del catálogo: que el INCI respalde lo que dice la etiqueta, sin rellenos innecesarios.
Para profundizar en algunos de los ingredientes mencionados, los encontrarás en nuestro glosario de ingredientes o el archivo de fichas Saber más.
Lamazuna
Repara, nutre y desenreda, con karité bio
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