Guía: leer y entender un INCI (II): grupos de ingredientes y funciones
Guía: leer y entender un INCI (II): grupos de ingredientes y funciones
Guía: leer y entender un INCI (II): grupos de ingredientes y funciones
En la primera parte de esta guía vimos qué es el INCI, cómo interpretarlo y por qué el orden importa. Ahora vamos un paso más allá: entender qué función cumple cada ingrediente según su categoría. Porque saber leer una lista es útil, pero saber qué hace cada cosa es lo que permite elegir con criterio real.
Los ingredientes cosméticos se agrupan por función. No son categorías rígidas, un mismo ingrediente puede cumplir varias a la vez, pero conocerlas permite orientarse rápidamente ante cualquier INCI.
A continuación repasamos los principales grupos con algunos ejemplos representativos de cada uno. Una guía práctica para identificarlos, saber qué buscar y qué encontrarás habitualmente en la etiqueta.
Los humectantes son ingredientes que captan agua del entorno o de las capas más profundas de la piel y la retienen en las capas superficiales. Su efecto es inmediato y visible: la piel se hidrata, se ve más tersa y rellena.
El más conocido es el ácido hialurónico, capaz de retener hasta mil veces su peso en agua. La glicerina, presente en casi cualquier crema o sérum, es el humectante más usado en cosmética por su eficacia y bajo coste. La betaína, obtenida de la remolacha o el coco, hidrata con un perfil muy suave y bien tolerado. El beta-glucano actúa de forma similar pero con un plus calmante relevante en pieles reactivas.
En el INCI los reconocerás como: Sodium Hyaluronate, Glycerin, Betaine, Beta-Glucan.
Los emolientes llenan los espacios entre las células de la piel, suavizando la superficie y mejorando la flexibilidad y el tacto. Son los responsables de esa sensación de piel sedosa después de aplicar un producto.
Los aceites vegetales son emolientes por excelencia: argán, jojoba, aguacate, baobab, coco. Cada uno con un perfil de ácidos grasos distinto y una afinidad diferente según el tipo de piel. El escualano es otro emoliente muy valorado por su textura ultraligera y su compatibilidad con todo tipo de piel, incluidas las grasas.
En cosmética convencional este papel lo cumplen a menudo las siliconas: Dimethicone, Cyclopentasiloxane, Cyclohexasiloxane. Dan una sensación inmediata muy agradable pero forman una capa impermeable sobre la piel sin aportar nutrición real.
En el INCI los aceites vegetales aparecen con su nombre botánico en latín: Argania Spinosa Kernel Oil, Simmondsia Chinensis Seed Oil, Persea Gratissima Oil.
Los oclusivos forman una película protectora sobre la piel que ralentiza la pérdida de agua por evaporación. Van siempre por encima de humectantes y emolientes, sellando todo lo aplicado debajo. Son especialmente útiles en pieles muy secas, en climas fríos o en el paso nocturno de la rutina.
La manteca de karité es el oclusivo natural más versátil: nutre, protege y calma al mismo tiempo. Las ceras vegetales como la cera de candelilla o la de carnauba cumplen una función similar, y aparecen frecuentemente en bálsamos labiales y productos sólidos.
En cosmética convencional el oclusivo por excelencia es la vaselina (Petrolatum), derivada del petróleo: muy eficaz sellando pero sin ningún aporte nutritivo. También la lanolina (Lanolin), de origen animal, muy usada antes de la expansión de las alternativas vegetales.
Los tensioactivos son ingredientes con una estructura molecular que les permite actuar entre el agua y la grasa, capturando la suciedad y el sebo para que el agua los arrastre al enjuagar. Son la base de cualquier producto de limpieza.
Pero no todos los tensioactivos son iguales. Los sulfatos, como el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) o el Sodium Laureth Sulfate (SLES), limpian con eficacia pero son agresivos: eliminan en exceso los lípidos naturales de la piel y el cuero cabelludo, alteran el pH y pueden irritar. Son los responsables de la sensación de tirantez después de lavar.
Los tensioactivos derivados del coco son la alternativa más habitual en cosmética natural: Sodium Cocoyl Isethionate (SCI), Coco-Glucoside, Sodium Cocoamphoacetate. Limpian respetando la barrera cutánea, con pH ajustado y sin resecar. Son la base de los syndets y de los champús sin sulfatos.
Los tensioactivos también actúan como emulsionantes: permiten que el agua y los aceites convivan en una crema sin separarse. Sin ellos, no existirían las lociones ni las cremas tal como las conocemos.
Los activos son ingredientes con una acción biológica concreta sobre la piel: estimulan, renuevan, iluminan, refuerzan. Son los que justifican la mayor parte del discurso de marketing de un producto, y también los que más varían en eficacia según su concentración y la calidad de la fórmula.
Algunos de los más relevantes y bien documentados:
Protegen la piel del daño oxidativo causado por la contaminación, el sol y el estrés. La vitamina C, la astaxantina, el té verde y la granada son ejemplos con base científica sólida.
Estimulan la renovación de la piel, mejoran la textura y reducen arrugas. El bakuchiol y el fitoretinol son las alternativas vegetales al retinol, con perfiles de tolerancia mucho mejores. Los PHA y el ácido succínico renuevan la superficie de forma suave y controlada.
Actúan sobre el sebo, el tono y la barrera cutánea. La niacinamida es el más versátil de todos: regula, unifica, refuerza y calma. Combinada con N-Acetil Glucosamina complementan su acción sobre manchas y tono desigual. Nuestro sérum de niacinamida es una muestra de esta sinergia entre activos eficaces que potencian sus efectos en una fórmula minimalista y hecha con criterio.
Mejoran la firmeza y densidad. La kigelia africana tiene propiedades tensoras reconocidas. El aloe vera calma, hidrata y ayuda a mantener la elasticidad.
Todo producto cosmético que contenga agua necesita conservantes. Sin ellos, el producto se contaminaría con bacterias y hongos en días. Los conservantes no son el enemigo, son una necesidad técnica.
El problema no es su presencia, sino cuáles se usan. Los parabenos (Methylparaben, Propylparaben, Butylparaben) fueron durante décadas el estándar de la industria. Son eficaces y estables, pero su relación con la disrupción hormonal los ha puesto en el punto de mira, especialmente en concentraciones altas o en uso continuado. Muchas marcas los han retirado, aunque el debate científico sigue abierto.
El fenoxietanol (Phenoxyethanol) es el sustituto más habitual en cosmética convencional y también en muchos productos naturales. En concentraciones correctas es seguro, pero en exceso puede irritar pieles muy sensibles.
En cosmética natural bien formulada se usan conservantes como el ácido benzoico (Benzoic Acid), el sorbato de potasio (Potassium Sorbate) o el alcohol (Alcohol Denat.) en concentraciones funcionales. Los productos sólidos, al no contener agua libre, necesitan mucho menos o ninguno, lo que es otra ventaja real de los formatos sólidos más allá del envase.
La palabra Parfum o Fragrance en un INCI es uno de los términos más opacos de toda la lista. Puede esconder decenas de ingredientes distintos bajo un único nombre, porque las fórmulas de fragancia están protegidas como secreto industrial.
Dentro de esa fragancia pueden estar componentes que en algunas pieles generan reacciones: los alérgenos de fragancia. La regulación europea obliga a declarar los más habituales cuando superan ciertas concentraciones: Limonene, Linalool, Citral, Geraniol, Eugenol, Cinnamal, entre otros. Algunos proceden de aceites esenciales naturales, otros son sintéticos. Su presencia no significa que el producto sea malo, pero es información relevante para quien tenga piel reactiva o historial de alergias.
En cosmética convencional las fragancias artificiales son especialmente habituales y complejas en composición. En formulaciones más limpias se usan aceites esenciales declarados individualmente, lo que permite al consumidor saber exactamente a qué está expuesto.
Un producto sin fragancia de ningún tipo aparecerá en el INCI sin ninguna mención a Parfum, Fragrance ni aceites esenciales. Es la opción más segura para pieles muy sensibles o reactivas.
Los colorantes cosméticos no tienen función sobre la piel. Están ahí para hacer el producto visualmente atractivo, nada más. En el INCI aparecen con códigos CI seguidos de un número: CI 77491 (óxido de hierro rojo), CI 42090 (azul), CI 19140 (amarillo tartracina).
Algunos colorantes sintéticos han generado controversia por su potencial irritante o alergénico. En cosmética natural se usan pigmentos de origen mineral o vegetal, pero en cualquier caso son ingredientes prescindibles desde el punto de vista funcional. Su presencia en un INCI no es señal de alarma, pero su ausencia tampoco es una pérdida.
Vale la pena recordar, como ya señalamos en la parte I, que el INCI tiene límites. No indica concentraciones exactas, no distingue entre un aceite virgen prensado en frío y uno refinado, y no garantiza la eficacia real de un producto. Es una herramienta de transparencia, no un certificado de calidad.
Leer el INCI con criterio, conocer las categorías de ingredientes y tener acceso a información fiable sobre cada uno es lo que convierte la lista de la contraetiqueta en algo útil de verdad. Para eso está también nuestra sección Saber más.
Lamazuna
With almond oil and white clay, for dry and sensitive skin
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